Al otro lado del charco

La lluvia de otoño vespertina comenzaba a amainar, al notarlo la pequeña Denisse corrió al perchero por su llamativo impermeable amarillo con gorrito independiente y sus botas rojas para la lluvia.
-¿A dónde crees que vas? –dijo en retórica Diana su hermana mayor; le llevaba casi diez años de diferencia a Denisse, era la hermana de en medio; la mayor hace tiempo que se había ido a estudiar a medio país de distancia; Denisse fue el regalo sorpresa de mamá, no había planes para ella, pero fue recibida con gran gusto.
-Dejó de llover –dijo Denisse mientras se calzaba las botas- Mamá dijo que si no llovía podía salir a jugar.
-Pero hace frio, ¿a qué quieres salir?
-Quiero verlos a ellos, solo los puedo ver después de la lluvia.
-¿Ver a quien?
-A los niños de la lluvia, si te asomas en los charcos los puedes ver.
-Claro que no, lo que ves es tu reflejo.
-Ya sé, tengo ocho años, no cuatro; pero si te fijas bien, bien, después de tu reflejo están ellos y te saludan y te invitan a ir a su casa.
-Jajaja, no me digas, ¿y vas a ir? –preguntó Diana, divertida e incrédula con la historia.
-No puedo ir sin permiso y mamá siempre se ríe y nunca me dice si puedo ir –dijo la pequeña con tristeza.- Pero ven conmigo y te los presento, solo tienes que ver muuuy al fondo de los charcos.
-Jajaja, no creo Denisse, ahora estoy estudiando, pero ve y me cuentas que te dijeron, no olvides el gorro.
La niña salió corriendo con alegría, saltando los charcos con presteza sin salpicar nada; su hermana solo sonrió mientras escuchaba a lo lejos sus risitas.
Al cabo de un rato Diana escuchó otras risas diferentes a las de su hermana, pensó que tal vez otros niños habrían salido a jugar y puso atención cuando escuchó una voz de niño que decía:
“Vamos, ven a conocer la casa, insístele a tu mamá para que te dé permiso”
“No puedo ahorita solo está mi hermana”.
Diana sorprendida y curiosa se levantó y fue de prisa a la puerta de la casa, para encontrar a su hermana a la orilla de la acera de enfrente hincada junto a un charco y con una gran sonrisa.
-¿Qué estás haciendo, Denisse? –Preguntó Diana con algo de preocupación -¿Con quién hablas?
-Es Julian, vive en el charco, ven a conocerlo.
El aire helado de la calle acompañó a un escalofrío que recorrió la espalda de Diana en el momento que ella habría jurado escuchar susurros a todo su alrededor.
-Denisse, va a llover de nuevo, entra a la casa –dijo imperativa mientras los susurros aumentaban.
-No, Julián dice que aun no va a llover y que sus hermanos quieren conocerte; ven.
-Denisse entra a la casa ahora.
-Pero aun no va a llover.
-¡Denisse!, -dijo Diana en tono firme mientras cruzaba la calle de prisa, y al ver el gran charco de su acera, instintivamente lo evitó, cruzó la calle y tomó a su hermana de la muñeca, levantándola y jalándola hacia la casa.
-¡Diana, qué te pasa, déjame!
-Ya es hora de entrar –dijo la mayor mientras subían las escalerillas de la entrada.
-Pero dejé mi gorro en la banqueta, déjame ir por él –lloriqueaba la pequeña.
-Entra a la casa, yo lo traigo –respondió la mayor cerrando la puerta de un golpe.
Denisse se quedó viendo hacia la puerta, pasaron minutos y la lluvia comenzó a caer de nuevo. La pequeña colgó su impermeable y subió al sillón cuyo respaldo daba a la ventana y miró la lluvia caer y el agua corrió de nuevo por la calle. Pasó el tiempo y de pronto un auto se detuvo al frente de la casa; una mujer de traje sastre bajó de él, abrió su paraguas apresuradamente y corrió a la casa, abrió la puerta y al ver a su hijita saludó.
-Hola mi amor –dio unos pasos, mientras cerraba su paraguas y lo recargaba en un tapete al lado de la puerta– ¿Dónde está tu hermana?
-Te vas a enojar –dijo la niña con tristeza.
-¿Salió con sus amigos y te dejó sola? –dijo la madre molesta.
-No, se fue con los míos. –dijo sentándose en el sillón, con los brazos cruzados y frunciendo su tierno ceño-  Como ella es mayor de edad no necesitó permiso.
 
Desde mi propio Aleph, quedo con ustedes.
Hasta la próxima.
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9 respuestas a Al otro lado del charco

  1. Edu dijo:

    mucho bueno, dejar de lado los temas sociales en momentos que es facil abordarlos, y que bien que das a tus lectores la oportunidad de pariticipar en tu historia con el final abierto a propia conciencia.

  2. diego_5060 dijo:

    Qué buena historia está muy buena. Algo escalofriante pero así deben de ser.

    Saludos.

  3. Edgar dijo:

    Me gusto.

  4. Gabo dijo:

    Se la llevó la charcada!!

  5. Rosy dijo:

    Me encanto tu historia,pero me da susto. hedita un libro, eres excelente.

  6. Pingback: Me quiero perder en la inspiración | Los sentidos de Thornevald

  7. Pingback: Los huesos del abuelo | Los sentidos de Thornevald

  8. Jorge Garza dijo:

    ¡Me gustó este cuento! ¿Qué te inspiró? Me da por escribir de vez en cuando, de hecho, hay un cuento mío en “mis notas” llamado “La dama de negro”. Por cierto, soy Jorge Garza del FB. Un saludazo y hasta nuestro próximo encuentro ateo.

    • thornevald dijo:

      Gracias por leerlo, Jorge! Al rato paso a leer “La dama de negro”.
      Este cuento me lo inspiró la época de Halloween y a la vez, acababa de leer algunos cuentos de Ray Bradbury y quise escribir algo medio macabro, pero sin que se esperara. Espero haberlo logrado.
      Generalmente para los cuentos me pongo como reto escribir la cuartilla de corridito y al final revisarla, de modo que quede listo en unos 30 a 40 minutos. =)
      Eespero que tengas oportunidad de leer otros cuentos y me cuentes que te parecen.

      Saludos y gracias de nuevo,

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