Vida Bucólica

Parque La Estanzuela, Nuevo León, año 2008.

La ventana entre abierta dio la bienvenida al pequeño rayo de sol que anunciaba el nuevo día con formas danzarinas sobre la pared de la habitación campestre, dejando colar el aire matutino que era fresco y llevaba consigo la deliciosa fragancia del bosque, mezcla aromática de hojas, flores y la tierra humedecida por el chubasco de la noche previa.

Trinos de diversas aves invitaron a Abel a abrir los ojos y a estirar los brazos como dando un gran abrazo a la vida.

Al escucharlo despertar, Bianca, su entrañable y amada compañera, corrió a su lecho llenándolo de besos y demostrando un amor tan grande que no podría describirse con palabras, arrancando las carcajadas del viejo, que respondía con abrazos y caricias juguetonas. Bianca brincó de la cama y ladró un par de veces invitándolo a salir, con ese potente ladrido bonachon de los perros labradores.

Con algo de dificultad, pero con gran ánimo, Abel salió de la cama y preparó el café, pan huevos y fruta, para luego sentarse a desayunar disfrutando cada bocado como si no hubiera otro despues, ni uno anterior; mientras Bianca, al lado de la pequeña mesa rústica, almorzaba también una generosa porción de alimento en el plato que fungiera hace años como disco de arado.

Más tarde Abel alimentó a los animales que tenía para sustento personal y que mantenía en los pequeños corrales alrededor de la cabaña.

Sus días de ser el ingeniero amargado habian quedado lejos, aunque la gente así lo recordaba, no obstante ahora los niños le decían “El ermitaño del bosque tenebroso”, lo que era perfecto para evitarle molestas visitas.

Ya tendría que ir al pueblo a abastecer su despensa, pero el día era tan hermoso que le costaba alejarse de su pequeño reino y pensó que podría esperar otro día. El aroma y color de las flores de manzanilla, la hierbabuena y el albacar que cultivaba le indicaba que estaban listas para acompañarlo con un té en sus lecturas; hoy nuevamente disfrutaría de las páginas en que Borges le hablaba de historias maravillosas, o en las que Benedetti conversaba de amores, o quizá incluso se adentraría en alguna aventura de Lovecraft y por la tarde las cuerdas de su violín cantarían para él como debieron hacerlo muchos años antes del incidente, aquel pequeño infarto que lo invitó a cambiar de vida.

“…el Jardín Botánico es un parque dormido

en el que uno puede sentirse árbol o prójimo

siempre y cuando se cumpla un requisito previo.

Que la ciudad exista tranquilamente lejos.” (Mario Benedetti)

 

Desde mi propio Aleph quedo con ustedes.

Hasta la próxima!

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Una respuesta a Vida Bucólica

  1. kanguro dijo:

    ya lo lei, orale shida….

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